Tres viernes

 J. Luis López


Hoy es Navidad. Al finalizar este día espero haber concluido dos relatos, sé que no escribiré algo tan asombroso como Dickens, pues ni siquiera será una historia sobre esta fecha sino simplemente una carta escrita el 25 de diciembre. El día donde sucedió la primera Navidad desde que te conocí. La noche anterior tuve un deseo casi incontrolable de llamarte y platicar contigo, sin embargo, muchas de mis más bonitas amistades me mandaron un mensaje para decirme que no lo haga. No hacerlo, creo fue lo mejor; pero, ahora solo quiero escribirte estas líneas.

                Siempre me han parecido interesantes las razones para tomar una decisión, muchas veces nuestras elecciones están motivadas por reflexiones premeditadas o por razonamientos previos. No obstante, muchas otras, o quizás la mayoría de las veces, nuestras decisiones no son otra cosa que una respuesta emocional ante alguna situación. El vínculo entre nuestras emociones, sentimientos y elecciones es estrecho. Por ejemplo, ayer por la noche me descubrí pensando en todo esto mientras la incertidumbre de llamarte, o no, me consumía por dentro. Al final no lo hice, pero quiero decirte a la distancia que espero te encuentres bien.

                Hoy he decidido escribirte esta carta ¿por qué? Porque mis razonamientos lógicos están desactivados luego de una cantidad considerable de etanol en mi sistema. Escribo porque mis sentimientos lo dictan así, pero, quizás nunca vayas a leer esto. Es probable que nunca hayas entrado a mi blog, tal vez no conoces ningún texto que he escrito para ti. No importa, aun así, continuaré con la carta. Quisiera decirte, en primer lugar, que mis decisiones racionales están muy alejadas de mis elecciones emocionales. Si todo dependiera de mis sentimientos todavía estaría intentando estar a tu lado y es ese impulso quien está ganando en estos momentos. Por ello, tomé la siguiente decisión: Durante los siguientes tres viernes estaré en la cafetería donde fue nuestra primera cita. Si quieres saber la hora podrías preguntarme y quizás podría encontrarte por ahí. Sin embargo, soy consciente de la poca probabilidad de que leas estas palabras, es más probable que nunca aparezcas. Tal vez nunca conozcas este plan, tal vez leas esta carta hasta febrero, tal vez no la leas nunca; pero, ahí estaré. Por lo pronto, solo quiero desearte una Feliz Navidad.

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