Mi encuentro con Haziel
J. Luis López
Muchos años de mi vida he
pertenecido a las bandas de marcha. Estas se componen por una sección de
alientos como: trompetas, saxofones, clarinetes, trombones, flautas, tubas,
etc., y una sección de percusión como: resonadores, platillos, multi tenores y
bombos. Las bandas se presentan en desfiles, concursos, ferias, entre otros
múltiples eventos. Ese ha sido mi pasatiempo durante los últimos años y me ha
obsequiado algunos de mis mejores amigos, amistades que prevalecen frente al
paso del tiempo.
Comencé
en el mundo de las bandas cuando estaba en preparatoria, dentro de la banda de
la escuela aprendí a ejecutar un instrumento, en particular, comencé dentro de
la percusión. Era tan malo que incluyo me llamaron pichón, por novato. Así,
en mis tres años preuniversitarios viví un sinfín de experiencias en mi banda,
Halcones Blancos Marching Band era su nombre. De aquellos tiempos conservo un
par de amigos, Rubén y Paul. El primero de ellos ahora se encuentra en la Ciudad
de México, no lo frecuento a diario, a veces paso meses sin saber de él, pero,
siempre que nos vemos es como si nos hubiéramos visto la semana anterior. Con Paul
tengo la oportunidad de convivir de forma más seguida, ambos continuamos en el
mundo de las bandas y serian infinitas las horas que hemos pasado escuchándonos
mutuamente.
Una
vez terminada la preparatoria entré a la universidad, Filosofía fue la carrera
elegida. Lo sé, incluso hoy en día, aún me cuestiono esa decisión. Sin embargo,
más allá de mi formación profesional, la universidad me dio la oportunidad de continuar
en las bandas. Entre a la Minerva, la banda de marcha de la Benemérita Universidad
Autónoma de Puebla. Allí conocí a personas maravillosas. Yo me encontraba
dentro de la línea de bombos, los tambores más grandotes o tambosotes según la opinión
de la gente. La línea siempre vareaba, de tres a seis integrantes. De esta
manera, tuve la oportunidad de conocer a lo largo de siete años a personas con
quienes compartí más de una sonrisa, además de la música. Recuerdo claramente
las aventuras con Viri, Dani, Mera, Iván, Osvaldo, Gadiel, Genaro, Aldo, Cristian,
Erick, Eduardo y Zazu. La pequeña Zazu, una chica de ojos verdes, bueno, en
realidad son verdes azulados, pero en todo caso sus ojos denotan una alegría inigualable.
Con ella, pasaba las horas jugando, contándonos nuestra vida, conviviendo en la
misma sección e incluso llegamos a inventar un saludo solo nuestro.
Dentro
de la Minerva pasé experiencias inigualables: pláticas, juegos, risas,
desfiles, presentaciones, viajes, desvelos, ensayos e incluso recuerdo que
todos los viernes, hace algunos años, nos reuníamos para tocar en los partidos
del equipo de futbol de la universidad. En esa banda me enamoré de una chica de
banderas, sin embargo, como toda historia eso llegó a su fin. Posterior a esa
ruptura amorosa, allá por el 2019, la banda fue invitada a participar en un
concurso organizado por WAMSB, una asociación dedicada a promover los espectáculos
de las bandas de marcha. Así, más allá de los pormenores de ese evento, hay un
acontecimiento que quisiera recordar. Al finalizar el concurso, Javier, quien
hasta la fecha es el maestro de percusión de la banda del Benemérito Instituto
Normal del Estado (BINE), además de ser un excelente músico y ahora un buen
amigo; se acercó a Mera, mi compañero y hermano en la línea de bombos, para que la percusión
de la Minerva (BUAP) y la percusión de los Búhos (nombre de la banda del BINE) tocaran
juntas.
Algo
interesante es que Javier estudió junto con Mera el bachillerato en un centro
escolar. Entonces, aquel día en la competencia de WAMSB, ellos tenían por lo
menos más de seis años conociéndose. De esta manera, con la familiaridad con la
que se hablan dos viejos amigos, nos organizaron para tocar junto al BINE. Dentro
de las bandas de marcha los ritmos que hacen exclusivamente las secciones de percusión
sin las secciones de alientos, se les conoce como cadencias. Entre la Minerva y
los Búhos tocamos algunas cadencias que teníamos en común. Uno de los momentos
más disfrutables de todo el concurso. Como en toda reunión de bandas la formación
fue intercalada, es decir, un integrante del BINE, un integrante de la BUAP y
así sucesivamente. No obstante, en el caso de los bombos las cosas son un poco
diferente. Una línea de bombos se forma con un integrante atrás de otro. Cuando
se unen dos bandas para tocar, las líneas quedan en paralelo, en otras palabras,
ya sea a tu derecha o a tu izquierda, te queda tu compañero de bombo de otra
banda a un costado. Con ello, la línea de bombos de la Minerva tenia a un costado a la línea de bombos de los Búhos. Así finalizó ese evento, con una convivencia entre las dos bandas.
Tras
dicho concurso en 2019, continuamos con algunos eventos más durante ese año. Sin
embargo, el mundo no tenía manera alguna de predecir el desenlace que habría en
los siguientes dos años. Una pandemia paralizó a la humanidad. Todos, por
medidas profilácticas, nos resguardamos en nuestros domicilios durante el 2020
y parte del 2021. Las actividades de la banda fueron suspendidas. A finales del
2021 se intentaba reactivar el movimiento de la Minerva, sin embargo, por un
cambio administrativo el proyecto vio su final. Así, tras siete años de ser
parte de esa banda, todo había terminado.
Comencé
el 2022 suponiendo que mis andanzas en el mundo de las bandas de marcha habían llegado
a su fin. No me equivoqué, al menos durante los primeros meses del año
no estuve en ninguna banda. Posteriormente, Javier, el viejo amigo de Mera (mi hermano y compañero de bombo en la minerva), me invitó a través de Paul (mi amigo de la
preparatoria que conocí gracias a la banda allá por el 2012) a participar en un
proyecto para desfilar el 5 de mayo, una fecha importante en la ciudad de
Puebla. Con esta invitación inició una nueva aventura. No obstante, por diversas
razones, decidí cambiarme de banda. Paul había regresado meses atrás a Ángeles,
la banda del Instituto Poblano de la Juventud (IPJ). Él me invitó a formar
parte de dicha banda, al principio lo dudé, pero al final solo tomé una
decisión.
Entré
a Ángeles hace algunos meses, nuevamente a la sección de percusión,
particularmente a la línea de bombos. Cuando llegué conocí a dos grandes
personas, Raúl y Haziel, ambos partes de la línea. Desde los múltiples eventos
que he tendido en Ángeles, mis conversaciones con mis compañeros de bombo han
aumentado. Dentro de esas charlas descubrí junto con mi amigo Haziel una coincidencia
extraordinaria. Él, antes de pertenecer a esta banda estuvo en los Búhos, la banda
del BINE. Esto sucedió durante el 2019, sí, el año cuando fue el concurso de
WAMSB. Ante esta sorpresa, le pregunté “¿participaste en ese concurso?” “Sí -me
respondió emocionado, después agregó- recuerdo que tocamos con la Minerva ¿estabas
ahí?” “por supuesto -le dije-.” En ese instante comenzó a buscar en su celular algunas
fotos de aquel día. Cuando me mostro dónde estaba en aquella foto, me llevé una
entrañable sorpresa, noté que él era la persona que estaba junto a mí, a un
costado.
Ante la enorme coincidencia pensé que es asombroso que la persona con quien toqué en aquel concurso, aquella persona de otra banda de la cual nunca supe si quiera de su existencia; estemos tocando juntos ahora en la misma banda. Continué reflexionando: todo pudo ser de otro modo, esa coincidencia pudo no existir si hubiera un ligero cambio en la secuencia de los eventos. Por ejemplo, si yo no hubiera conocido a Paul hace ya 10 años, jamás hubiese entrado a Ángeles. A su vez, Si Javier y Mera no se hubieran conocido en el bachillerato, es probable que jamás hubiésemos tocado con Búhos después de aquel concurso. De esta manera, si alguna cosa hubiera sido diferente no habría existido esa foto y mi encuentro con Haziel hubiera sido solo una casualidad, no sería la persona con quien toqué sin conocerlo en el 2019 y con quien tengo la dicha de compartir una sección de bombos actualmente. Todo sucedió de una manera y no de otra.
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